17/03/2026: De la Parálisis al Gozo
Entre el 16 y el 17 de marzo, estas páginas capturan el pulso entre el ruido mental y la fluidez del mar. En un escenario de olas perfectas pero saturado de presencias, surge la 'parálisis por análisis' como un obstáculo más desafiante que la propia rompiente. Esta crónica documenta el tránsito desde la frustración del lunes, marcada por el peso de miedos pasados, hasta la victoria estratégica del martes: un cambio de posición que permite transformar el caos en una sesión épica, donde el gozo compartido y la presencia absoluta reclaman su lugar sobre la tabla.
Caro Posso
3/17/20262 min read


Dos días. Dos días de olas grandes, glassy, sin brisa. Olas que retan mi capacidad y mis límites. El conteo va así: 2 días, 6 olas, 4 wipeouts y mucha satisfacción.
Empecemos por lo primero: ayer. Ayer fue un día que parecía todo menos un lunes. Había tantos surfistas en el agua que el reto más grande era vencer el miedo a chocarme con alguien. Por lo menos perdí cuatro olas por frenar para evitar una colisión. Era como un disco rayado: la veía venir, me posicionaba, remaba y, al voltear a la izquierda, alguien venía ya sobre ella. En lo que llevo surfeando he tenido dos accidentes que terminaron con dos tablas partidas y algunos golpes (afortunadamente nada grave), pero sí con reflexiones, emociones y miedos.
Llegué y, casi al momento de alcanzar el punto, cogí mi primera ola. Se me abrió de derecha; la corrí con calma, sin afanes, con conciencia, con la premisa de carvear (subir y bajar) lo que más pudiera sobre la pared.
Volví a entrar y, en el tiempo que demoré en recorrer la playa de regreso, habían entrado al agua por lo menos diez personas más. Puedo asegurar, sin miedo a equivocarme, que se podían contar al menos treinta cabezas en el agua. Y llegó la “parálisis por análisis”: “¿me voy en esta?”, “¿espero la otra?”, “ya le remaron”, “¡sube más!”, “ubícate más a la derecha”. Y me venció. Fue más el cansancio mental de la puja por la ola que el corporal por el esfuerzo mismo de surfear.
Pero hoy... hoy fue un gran día. ¿El score? 4 olas, 2 revolcones (de los que te dan energía, no de los que te la quitan).
La primera ola fue simplemente ÉPICA (la verdad es que toda la sesión lo fue). Me ubiqué un poco más abierta a la derecha que el cardumen de surfistas para no sufrir de la parálisis del día anterior. Justo cuando sentí que ya estaba bien ubicada, llegó mi primera ola: enorme, con fuerza, retadora.
Le remé. Vi a Valentina, que remaba subiendo, y por un momento dudé, pero me fui. Una derecha enorme. Arriba, abajo. La espuma: “no dejes que te coma”. Al lip de nuevo. “Mantente en la zona de poder, como te dijo Jorge ayer”. Se cerró la derecha. “Mira a la izquierda”. Se abrió y, sí, hasta la orilla.
Cuando corres una ola así siempre buscas a alguien que la haya visto, que te haya visto —para no terminar como Alejandro Sanz en "Cuando nadie me ve", como alguna vez me dijo Dany—, ya sea para compartir la emoción o solo para confirmar que lo que sentiste fue real y no producto de tu imaginación. Y en este caso, lo fue. Valentina me hizo un pequeño comentario al volver a subir por el espolón: “¡Qué olón!”, me dijo. Y simplemente fui feliz.
Hoy no hubo parálisis por análisis. La emoción de esa primera me llevó a dos revolcones y tres olas tan emotivas como la primera. No importó la gente, no hubo miedos ni dudas. Solo gozo.
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